Miércoles, 12 Diciembre, 2018

Lula no pudo participar de un debate y asegura que hay "censura"

Luiz Ignacio Lula da Silva aún lidera las encuestas de voto. EFE /ARCHIVO Luiz Ignacio Lula da Silva aún lidera las encuestas de voto. EFE /ARCHIVO
Eleena Tovar | 12 Agosto, 2018, 12:49

La campaña arranca en medio de los escándalos de corrupción por el Lava Jato, la crisis económica y los ecos por el impeachment a Dilma Rousseff, acusada de manipular las cuentas públicas.

Los brasileños irán a las urnas el próximo 7 de octubre sin mucha esperanza, al menos de acuerdo a recientes sondeos que revelan una decepción generalizada con la política, y bajo la sombra de una economía virtualmente paralizada y un agudo desempleo.

Brasil inicia una serie de debates televisivos en que los principales candidatos a la presidencia del país abordarán las cuestiones fundamentales de la campaña, aunque Luiz Inacio Lula da Silva, que lidera los sondeos, no podrá participar por estar encarcelado por corrupción.

El previsible escenario sin Lula lo encabeza Bolsonaro, radical de ultraderecha, nostálgico de la dictadura militar, pero con un escaso 17% de apoyo en un cuadro con 50% de indecisos que serán el fiel de la balanza electoral. Bolsonaro tiene esos mismos índices desde hace meses y ha elegido como vice al general retirado Hamilton Mourão, un militar de línea dura.

Entre los conservadores, con un 6% de intención de voto, emerge la figura de Alckmin, exgobernador de San Pablo.

Al contrario que Bolsonaro, los analistas creen que Alckmin sí puede pescar entre los indecisos, pero para ello debe superar la falta de carisma que él mismo admite.

En tanto, Lula, que sigue contando con casi un tercio de las intenciones de voto (casi el doble que cualquier otro candidato) se declara inocente de todos los cargos y denuncia una conspiración político-judicial en su contra que intenta impedirle volver al poder.

Ciro Gomes, candidato del campo progresista mejor situado en las encuestas, con un 8%, acusa el mismo problema y se enfrenta al fuego cruzado de la derecha y la izquierda, atomizada por la delicada situación jurídica de Lula.

Por fuera corre el exministro de Hacienda Henrique Meirelles, candidato del partido Movimiento Democrático Brasileño (MBB), la mayor fuerza política nacional pero lastrada por la impopularidad del presidente Michel Temer, un aliado incómodo cuya gestión sólo es aprobada por el 3% de la población.

Preso en Curitiba, inmovilizado, censurado y prohibido, aún ausente físicamente Lula estuvo omnipresente en el careo organizado por la TV Bandeirantes, donde los demás candidatos -todos en el estudio- no aparecieron, señaló Lopes al comentar lo que definió como un debate "mediocre y sin sabor, con actuaciones que llegaron a ser vergonzosas".

El Partido de los Trabajadores (PT) ya planea una alianza con los laboristas para una muy probable segunda vuelta de las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.

Aún así, ha designado como candidato a vicepresidente, y eventual sustituto si finalmente es vetado, al exministro y exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad, un hombre de poco calado político y a quien los sondeos le atribuyen un 1% de apoyo.

Uno de ellos fue Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), quien aseguró que la "salvaje" reforma laboral impulsada por Temer introdujo "inseguridad" y fue "un error grave" que prometió "corregir" a fin de reducir los 13 millones de desempleados que hay en el país. Haddad fue proclamado candidato a vicepresidente por el PT en un complejo acuerdo con el Partido Comunista, el cual implicó que Manuela DÁvila dejase su candidatura presidencial.